Sábado 6 de Julio. El balcón del hotel nos sorprende con una preciosa vista del Vesubio, y vuelta a Nápoles por la tarde.

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Sábado 6 de Julio. El balcón del hotel nos sorprende con una preciosa vista del Vesubio, y vuelta a Nápoles por la tarde.

 

Nos levantamos temprano, el desayuno empezaba a las 7.30 y queríamos estar los primeros. El hotel tiene una maravillosa terraza para desayunar y con vistas increíbles al Vesubio y al golfo napolitano. Después de degustar un desayuno no muy abundante pero si correcto, salimos camino del Parque Nacional del Vesubio, a las 8.15, teníamos unos 45 minutos de curvas por delante para llegar antes de que lo abrieran y así evitar aglomeraciones o un excesivo calor tanto en la subida como en la bajada. Al llegar allí ya había un autobús de la tercera edad allí!!!!, esos si que habrían madrugado!!!.

Después de pagar la entrada comenzamos el ascenso por la ladera del Vesubio hasta el cráter, los niños se portaron muy bien, la verdad es que tiraron para arriba más rápido de lo  esperado y además con ganas, en una media hora estábamos en lo más alto, y dimos la media vuelta al cráter observándolo desde todas las perspectivas. Algunas nubes maliciosas se empezaban a interponer entre nosotros y las vistas maravillosas, menos mal que aguantó lo justo para las fotos, por que a las 10.30 el Vesubio estaba completamente tapado por un nubarrón que tapaba más de la mitad del volcán.  La verdad es que en todos los días que estuvimos, siempre tuvo nubes o bajas o altas enganchadas en la parte superior que seguro que dificultaba bastante la visión desde lo más alto. A media tarde, sobre las 18.00 se volvía a despejar y la nube desaparecía, así que…si queréis subir ya sabéis…,o muy pronto o muy tarde, ya tirando hacia las 18.00 para evitar la pesadilla de nube que lo tapa todo.

 

Después del descenso, un merecido descanso en el hotel con piscina incluida, y después a Torre del Greco, donde pretendíamos comer en uno de los restaurantes recomendados en Tripadvisor, La Pizzaccia,  en principio un restaurante de comida rápida como casi todos los de la zona, pero que sorprende con las atenciones del dueño y el precio tremendamente ajustado, la relación calidad precio es excepcional. La verdad es que el primer día llegamos allí un poco perdidos, sin saber muy bien lo que íbamos a comer, y encima no tenían carta, miramos las mesas que eran pocas pero todos ya tenían comida encima, y abundaban los paninis, pizzas al taglio y foccacias, hicimos lo que vimos, pedir varios tipos de foccacias y entonces se levantaron de una mesa y pudimos sentarnos a degustarlos, al poco tiempo Federico nos preguntó si queríamos postre y nos animamos con un postre de chocolate que nos encantó. Nos trataron muy bien y decidimos volver para cenar al día siguiente.

Al acabar nuestra comida, volvimos a coger la autopista para pagar la “tarifa plana” de 2 euros para volver a Nápoles a ver la zona del puerto, quarteri Spagnoli y Santa Luzia que nos había quedado pendiente. Aparcamos sin problemas en el Parcheggio Italia en la calle Santa Luzia, en pleno centro neurálgico de restaurantes y bares, el seños del parquing nos ofreció un precio cerrado de 15 euros para las horas que íbamos a estar, unas 6 horas, encontramos que estaba bastante bien y salimos al exterior y…menudo calor hacía!!!!!!, entramos directos a comprar agua fresca en un súper que había al lado y nos fuimos directo a Piazza Plebiscito a ver la Chiesa San Francesco di Paula, que estaba muy adornada por que había una boda. Esta sería la primera de las muchas bodas que nos encontraríamos en nuestro periplo por tierras campanas, y es que los italianos se casan cualquier día de la semana y a cualquier hora, sea lunes miércoles, además de los sábados y domingos, por supuesto.

Después de unas fotos a pleno sol en la Piazza, era momento para una café en Gambrinus, pero tanto calor hacía que nos decidimos por un capuccino freddo (caffé caldo y latte fredda) y un spresso con una bola de mantecado, dos cafés refrescantes, que nos permitieron reponer fuerzas y disfrutar del caffé letterario más bonito de Nápoles. De camino al Castel Nuovo, entramos a ver las Gallerias Vittorio Enmanuelle, gemelas de las milanesas del mismo nombre, un poco menos glamourosas pero igualmente divinas. Y de allí nos dirigimos al castel Nuovo, al que no pudimo entrar por que preparaban un evente de la RAI1 y los de seguridad tenían la entrada bien custodiada.

 

Nuestra siguiente visita era un mini paseo por el “quartieri spagnol”, y breve vistazo a la Naápoles más profunda, he de decir que no me gustó mucho lo que ví, no por que no fuera bonito, si no por que no tenía el más mínimo interés, calles estrechas y adoquinadas, motos y coches pasando y algunos balcones con ropa tendida a la calle. Sin más salimos de allí volviendo a la Piazza Trieste y Trento e intentamos la última visita al Palazzo reale, en la misma plaza Plebiscito.

Los peques ya estaban demasiado cansados como para visitar salas y más salas con muebles, estucos y tapices, así que decidimos que al entrar y subir al piso superior se quedaran en unas sillas que habían en el patio porticado del piso superior y nosotros haríamos la vista saliendo de vez en cuando a ver si necesitaban algo. Más o menos en una hora tuvimos vistas la preciosas salas que componen la parte visitable del palacio, nada despreciable por cierto para una ciudad como Nápoles y muy poco frecuentado por los turistas ocasionales. A penas dos matrimonios y unos jóvenes con un bebé. A la salida, eran ya casi las 19.30 y nos acercamos al castel de l’Ovo para verlo todavía con luz natural, aunque la idea era verlo por la noche después de cenar en Zio Jack, una grillieria muy famosa de aquella zona y que era nuestra elección para la cena de esa noche. Llegamos al restaurante a las 20.00, nuestros pies no podían más y la cena tempranera y son colas para esperar mesa, nos sabía a gloria. Degustamos una entrada de carne estilo “kebab” con “patatinas”, unos escalopes milanesa para los nenes que eran increíblemente grandes y de segundo para nosotros un entrecott al punto con guarnición de patatina también. Todo estuvo muy bueno y a las 21.30 salíamos de allí muy contentos y más descansados para hacer el último paseo por el Borgo Marinari, zona exclusiva de restaurantes de marisco y bares de copas situada en la península donde se encuentra el Castel de l’Ovo. A las 22.15 dejamos Nápoles con la sensación de haber disfrutado al máximo una ciudad que no a muchos gusta pero a nosotros no nos defraudó. Al día siguiente tocaba Pompeya, Ercolano y Oplonti. Un día de huellas romanas, frescos y piedras que esperábamos con ilusión desde hacía meses y que nos iba a sorprender con algunos imprevistos.

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